martes, 26 de febrero de 2013

El legado de José de la Riva-Agüero

                          El legado de José de la Riva-Agüero

Por: Emilio Candela
Historiador y docente universitario


Corría el año 1941, y en una entrevista concedida al periodista Alfonso Tealdo de la Revista Turismo, un resignado José de la Riva-Agüero concluía un balance de su vida con esta frase: "Censurado por los viles, menospreciado por los bribones y mofado por los viles: ese ha sido mi destino".

De esa manera, una de las mentes peruanas más brillantes del siglo XX le ponía el epitafio final a una trayectoria académica, intelectual y política sobresaliente, acaso presintiendo la cercanía de su partida, la cual se produjo tres años más tarde, un 25 de octubre de 1944.

Hablar del legado de Riva-Agüero implica no solo recordar y resaltar sus indudables logros y méritos en el campo intelectual, sino encontrar las enseñanzas que esa impecable trayectoria puede brindarnos como un ejemplo a seguir. Creo que este sería el punto esencial al conmemorar un aniversario más de la muerte de este pensador limeño, el cual dedicó su vida a estudiar y comprender la identidad mestiza de nuestro país, y en ese camino se involucró en la historia, la literatura, la filosofía, el derecho, la política y la enseñanza universitaria. 

Nacido en la vieja casona dieciochesca de la calle Lártiga en 1885, tras sus estudios escolares en el colegio de La Recoleta, el joven Riva-Agüero ingresó a la Universidad de San Marcos formando parte de la llamada Generación del novecientos. Allí, junto a otros destacados intelectuales como Francisco García Calderón y Víctor Andrés Belaunde, empezó su ardua lucha por estudiar las raíces fundamentales de la cultura peruana. Así, fue esa generación, signada por la derrota en la Guerra del Pacífico, la que se dedicó a estudiar el Perú en su conjunto, y de esa manera, contribuyeron a que nuestro país resurja de la honda crisis por la que atravesaba. Fruto de esos años de constante trabajo son sus tesis de bachillerato y doctorado, Carácter de la literatura del Perú independiente, publicada en 1905, y La Historia en el Perú, de 1910, respectivamente. Ambos trabajos supusieron un hito tanto en la crítica literaria como en el análisis historiográfico, no solo por la gran erudición de los mismos; sino por el análisis crítico y el lenguaje castizo con que fueron presentados.

Tras esos trabajos iniciales, Riva-Agüero se abocaría en los años siguientes a persistir en el esfuerzo por explicar que la identidad peruana era el resultado de esa mágica fusión de lo indígena y lo hispano; es decir, que la esencia del ser peruano se encontraba en esa cultura mestiza que fue creándose gradualmente desde los siglos de la colonia, en la cual coexistían diversos elementos que le daban un carácter único e irrepetible. En esa línea se insertan trabajos como Paisajes peruanos o el Elogio al Inca Garcilaso, siendo el primero fruto de un viaje que el propio Riva-Agüero realizó en 1912 por nuestra serranía, y que describe de manera prodigiosa en esas páginas; mientras que el segundo fue parte de la conmemoración del III centenario de la muerte del célebre escritor mestizo en 1916.

Fueron sus años de juventud los más productivos, ya que las peripecias políticas de los años siguientes jugaron en contra de ello. En 1919 Riva-Agüero se irá del país, en medio del ascenso de Leguía, permaneciendo en Europa por once años. A su regreso, la realidad política del país había cambiado, tornándose más polarizada e ideologizada. Fue por ello que en estos años se produce el alejamiento de Riva-Agüero de la Universidad de San Marcos, y su acercamiento a la Universidad Católica. En una coyuntura en la que pocos tuvieron el valor de definirse política e ideológicamente, Riva-Agüero lo hizo de manera enfática, brindándonos así un ejemplo de un intelectual que siguió firme a sus principios y no claudicó a pesar de los agravios y burlas de los que fue víctima.

Más vinculado a la política, los años treinta también verán una obra maestra de Riva-Agüero, al publicar en 1937 y 1938 una colección de sus discursos llamados Por la verdad, la tradición y la Patria. Allí se muestran verdaderas piezas oratorias antológicas por la prosa fina, directa y al mismo tiempo impactante con la cual este pensador dejaba muy en claro sus convicciones políticas y religiosas. Tras ocupar diversos cargos públicos, sus últimos años los dedicará a conversar con los jóvenes universitarios de aquellos años tratando de hacerles llegar su mensaje peruanista, integrador y respetuoso de nuestra historia y tradición.

Fue al finalizar una de esas tantas tertulias que un ataque mortal acabó con la vida de José de la Riva-Agüero, un 25 de octubre de 1944. Historiador, abogado, crítico literario, político, maestro de varias generaciones y hombre de una fe religiosa profunda; Riva-Agüero se convirtió en uno de los intelectuales más trascendentes del siglo XX, y un referente del pensamiento conservador peruano. Si tuviéramos que mencionar los principales aportes de su obra, ellos serían su visión del mestizaje peruano como un proceso de largo plazo que se dio en la vida cotidiana, y el ver a la Historia como una herramienta esencial para explicar los problemas nacionales, siendo su objetivo final encontrar ese elemento esencial que le diera continuidad histórica al país.

En ese sentido, su legado intelectual y humano es muy valioso y debe ser un referente obligado para los jóvenes de hoy, así como lo fue para los de generaciones pasadas. Será, entonces, misión de estas jóvenes generaciones universitarias reactualizar y revalorar el legado de este pensador, para de esa manera cambiar aquella visión pesimista que el propio Riva-Agüero tuvo de su trayectoria en el lejano 1941. 

Versión publicada en el .edu el 23 de octubre de 2009.


martes, 12 de febrero de 2013

#GraciasBenedictoXVI

Imagen tomada de aquí

La entrada que aparece a continuación fue escrita por Daniel y tomada de aquí. Por alguna extraña razón, Facebook no permite insertar el dominio del blog del autor, la entrada nos gusta y queremos difundirla con todos nuestros lectores.

¡Siempre renuncias, Benedicto!


La verdadera causa de la renuncia del Papa.
Tengo 23 años y aún no entiendo muchas cosas. Y hay muchas cosas que no se pueden entender a las 8:00am cuando te hablan para decirte escuetamente: “Daniel, el papa dimitió.” Yo apresuradamente contesté: “¿Dimitió?”. La respuesta era más que obvia, “Osea renunció, ¡Daniel, el papa renunció!”
El Papa renunció. Así amanecerán sin fin de periódicos mañanas, así amaneció el día para la mayoría, así de rápido perdieron la fe unos cuantos y otros muchos la reforzaron. Y que renunciara, es de esas cosas, que no se entienden.
Yo soy católico. Uno de tantos. De esos que durante su infancia fue llevado a misa, luego creció y le agarró apatía. En algún punto me llevé de la calle todas mis creencias y a la Iglesia de paso, pero la Iglesia no está para ser llevada ni por mí, ni por nadie (ni por el Papa). En algún punto de mi vida, le volví a agarrar cariño a mi parte espiritual (muy de la mano con lo que conlleva enamorarse de la chavita que va a misa, y dos extraordinarios guías llamados padres), y así de banal, y así de sencillo, recontinué un camino en el que hoy digo: Yo soy católico. Uno de muchos, si, pero católico al fin. Pero así sea un doctor en teología, o un analfabeta de las escrituras (de esos que hay millones), lo que todo mundo sabe es que el Papa es el Papa. Odiado, amado, objeto de burlas y oraciones, el Papa es el Papa, y el Papa se muere siendo Papa. 

Por eso hoy cuando amanecí con la noticia, yo, al igual que millones de seres humanos..nos preguntamos ¿porqué?. ¿Porqué renuncia señor Ratzinger?. ¿Le entró el miedo?. ¿Se lo comió la edad?. ¿Perdió la fe?. ¿La ganó?. Y hoy, después de 12 horas, creo que encontré la respuesta: El señor Ratzinger, ha renunciado toda su vida.
Así de sencillo.
El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
Y hoy, me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de algo o alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos, ni los casos de pederastia, ni los casos de misericordia. Nadie es más que ella. Pero ser Papa a estas alturas del mundo, es un acto de heroísmo (de esos que se hacen a diario en mi país y nadie nota). Recuerdo sin duda, las historias del primer Papa. Un tal..Pedro. ¿Cómo murió? Si, en una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. 

Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón. ‘Pido perdón por mis defectos’. Ni más, ni menos. Que pantalones, que clase de ser humano. Podría yo ser mormón, ateo, homosexual y abortista, pero ver a un tipo, del que se dicen tantas cosas, del que se burla tanta gente, y que responda así..ese tipo de personas, ya no se ven en nuestro mundo.
Vivo en un mundo donde es chistoso burlarse del Papa, pero pecado mortal burlarse de un homosexual (y además ser tachado de paso como mocho, intolerante, fascista, derechista y nazi). Vivo en un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un tipo de 85 años que quiere lo mejor para la Institución que representa, pero le damos con todo porque “¿con qué derecho renuncia?”. Claro, porque en el mundo NADIE renuncia a nada. A nadie le da flojera ir a la escuela. A nadie le da flojera ir a trabajar. Vivo en un mundo donde todos los señores de 85 años están activos y trabajando (sin ganar dinero) y ayudan a las masas. Si, claro.
Pues ahora sé Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aún siendo Papa: humilde.
Benedicto XVI, muchas gracias por renunciar.